
Las raíces del grito primigenio

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martes, 6 de marzo de 2007


Entre la insipidez y el disfraz de sabio poeta

Algunos se acomodan en sus trabajos, engordan y les cuentan a todo el mundo sus batalllitas de cuando eran “artistas”, mientras que en el fondo han endurecido sus corazones vencidos por el cansancio y el temor. Otros pasan sus vidas buscando con tanta ansiedad la opinión positiva, la crítica agradable de los demás, que desvirtúan y amoldan sus obras para el agrado de todos, colocándose la máscara de “artistas” e inmersos en una falsa vida bohemia que discurre entre la insipidez y el disfraz de sabio poeta.
Confrontación

¿Cómo dar a conocer la obra de uno, a un público más amplio, sin venderse a los dirigentes, esos señores poderosos que exigen una ridícula metamorfosis “artística” con cadenas de terciopelo y billetes podridos? ¿Cómo hacerlo sin ceder a las exigencias de esas bestias sin honor, a los caprichos de esos negociantes de almas, destructores del arte y de sus frutos?. Si quitas una sola palabra que exprese un cierto sentimiento, si cambias una sola expresión que plasme ciertas emociones, si enturbias la mirada del corazón aunque solo sea por un instante, si desfiguras el rostro de la verdad para mostrarlo en un circo y enriquecerte con ello... entonces todo ha terminado. Aquí es donde el artista se enfrenta a sí mismo, a sus ambiciones, a sus sueños.
Aunque la confrontación es desigual, el resultado no dependerá de la sangre que corra en el campo de batalla, sino en el color de esa sangre y en el carácter de su inocencia. Lo demás se pierde entre la multitud como una linterna en el centro de la ciudad un sábado por la noche; y nada ni nadie reparará en ello.
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