Discurso de Bono en el Desayuno de Oración 2006


Si se están preguntando qué estoy haciendo aquí, en un Desayuno de Oración, a mí me pasa lo mismo. Es verdad que no estoy aquí como un hombre de túnica, salvo si esa túnica es de cuero. Seguro que no es porque soy una estrella del rock. Lo que solamente nos deja una explicación posible: estoy aquí porque tengo un complejo mesiánico.

Es cierto, y para cualquiera que me conozca, no le sonará raro.

Soy el primero en admitir que existe algo poco natural, algo extraño, sobre las estrellas de rock tomando los púlpitos y predicando a presidentes para luego desaparecer en sus mansiones del sur de Francia. Nada más fuera de lugar. Ya fue muy raro cuando Jesse Helms apareció en un concierto de U2, pero esto es realmente extraño, ¿verdad? Saben, una de las cosas que me encantan de este país es su separación de iglesia y el estado. Aunque tengo que decirles que al invitarme aquí, tanto la iglesia como el estado se han separado de otra cosa completamente: de su juicio. Sr. Presidente,

¿Está seguro de esto?

Me hace sentir muy humilde estar ante ustedes e intentaré que sea una homilía breve. Pero les advierto – Soy irlandés.
Me gustaría hablar sobre las leyes de los hombres, aquí en la ciudad donde se escriben las leyes. Y me encantaría hablar sobre las leyes supremas. Sería genial asumir que unas sirven a las otras, y que las leyes de los hombres sirven a las leyes supremas, pero por supuesto no es ése el caso siempre. Y supongo que, en un sentido, eso es por lo que están aquí. Supongo que la razón de esta reunión es que todos los que estamos aquí – musulmanes, judíos, cristianos – estamos buscando en nuestras almas para sabe cómo servir mejor a nuestras familias, a nuestras comunidades, a nuestras naciones, a nuestro Dios.
Yo sé que lo estoy haciendo. Buscando. Supongo. Y supongo que es lo que también a mí me ha traído aquí. Si, es raro tener a una estrella de rock aquí. Pero quizás es más raro para mí que para ustedes. Les contaré, yo he evitado a la gente religiosa la mayor parte de mi vida. Puede que eso tuviera algo que ver con tener un padre protestante y una madre católica en un país en el que la línea divisoria entre ambas confesiones era, bastante literalmente, un frente de guerra. Donde la línea divisoria entre iglesia y estado era un poco borrosa, y difícil de ver. Recuerdo cómo mi madre nos llevaba a la iglesia los domingos… y mi padre solía quedarse esperándonos fuera. Una de las cosas que percibí de mi padre y mi madre fue la sensación de que la religión a menudo se interpone en el camino hacia Dios. Para mí, por lo menos, se interpuso. Ver lo que la gente religiosa había hecho, en el nombre de Dios, en mi tierra natal, y en este país, ver a los vendedores de coches usados de Dios en los canales por cable, ofreciendo indulgencias por dinero en metálico… de hecho, por todo el mundo, ver cómo la autocomplacencia corría como un torrente poderoso desde algunos sectores de los círculos religiosos… Debo confesar: Cambié de canal. Quería ver la MTV. Quizás a pesar de ser creyente. Quizás por que era creyente. Era un cínico, no sobre Dios, sino sobre la política de Dios (¿lo ves, Jim?)

Entonces, en 1997, un par de excéntricos septuagenarios británicos cristianos fueron y arruinaron mi truco: mis reproches. Lo hicieron describiendo el milenio, el año 2000, como un año de Jubileo, como una oportunidad para cancelar las deudas crónicas de la gente más pobre del mundo. Tuvieron la audacia de renovar el llamamiento del Señor – y el papa Juan Pablo II se les unió, alguien que para un irlandés mediocatólico como yo, podía tener una línea más directa con el Todopoderoso. Siempre había leído las Escrituras, incluso el material más oscuro. Allí estaba, en Levítico (25:35): 'Si tu hermano se empobrece” dice la Escritura, “y no puede mantenerse a sí mismo... tú le mantendrás… No le prestarás dinero con interés, ni le darás comida con lucro”.

Es una idea tan importante, el Jubileo, que Jesús empezó su ministerio con esto. Jesús es un joven, se ha encontrado con los rabinos, ha impresionado a todos, la gente está hablando de él. Los ancianos dicen que es un tipo listo, este Jesús, pero no ha hecho mucho ... aún. Nunca había hablado en público antes.... Cuando lo hace, sus primeras palabras son de Isaías: 'El Espíritu del Señor está sobre mí’, dice, ‘porque me ha ungido para predicar la Buena noticia a los pobres‘. Y Jesús proclama el año de gracia del Señor, el año del Jubileo (Lucas 4:18). De lo que estaba hablando realmente era de una era de gracia –y aún estamos en ella.

Trasladémonos 2.000 años. La misma idea, la gracia, se encarna en un movimiento en el que participan todo tipo de personas. No era un club de santurrones, no era un grupo de beatos. Estos religiosos estaban dispuestos a salir a la calle, a ensuciarse las botas, a sacar pancartas, a seguir sus convicciones con acciones… haciendo que mantenerse a distancia fuera muy difícil para gente como yo. Fue sorprendente. Casi me empezaron a gustar estas gentes de iglesia… Pero entonces mi cinismo obtuvo ayuda extra. Fue lo que Colin Powell, un general de cinco estrellas, llamó el W.M.D. más importante de todos: un pequeño virus llamado SIDA. Y la comunidad religiosa, en su mayoría, no se enteró. Y los que se enteraron solamente lo podían ver como un castigo divino por mal comportamiento. Incluso en niños, incluso aunque el grupo de personas infectadas con HIV que más crecía eran mujeres fieles y casadas. ¡Ajá! “Aquí vamos de nuevo” - Pensé para mis adentros, ¡vuelve el fundamentalismo”. Pero realmente estaba equivocado de nuevo. La iglesia fue lenta, pero se preocupó de los leprosos de nuestra época. El amor estaba en movimiento. La misericordia estaba en movimiento. Dios estaba en movimiento.

Llevando a gentes de todo tipo a trabajar con gente que no conocían, que no querían conocer… grupos de iglesias conservadoras junto a representantes de la comunidad gay, todos cantando del mismo himnario sobre el SIDA… madres de fútbol y deportistas, estrellas del hip-hop y del country. Esto es lo que pasa cuando Dios se pone en movimiento: ¡pasan locuras! ¡Se vio a un Papa llevando gafas de sol! ¡Se vio a Jesse Helms en el ghetto. Locuras.

Pruebas del espíritu. Fue increíble. Literalmente. Detuvo al mundo.

Cuando las iglesias comenzaron a manifestarse por la deuda, los gobiernos escucharon. Y actuaron. Cuando las iglesias comenzaron a organizar, pedir e incluso – el acto más profano que se puede cometer, con perdón, comenzaron a presionar sobre el SIDA y la salud global, los gobiernos escucharon y actuaron. Estoy aquí hoy con humildad para decir: cambiasteis ideas, cambiasteis políticas, cambiasteis el mundo. Miren, sean cuales sean sus ideas sobre Dios, quién es o si existe, casi todos estaremos de acuerdo en que hay un Dios. Tiene un lugar especial para los pobres. De hecho, los pobres son donde Dios vive. Miremos el judaísmo. Miremos el Islam. Miremos prácticamente cualquiera. Quiero decir que Dios también puede estar con nosotros en nuestras mansiones de las colinas, espero. También puede que esté con nosotros en todos los temas controvertidos. Quizá o quizá no. Pero una cosa en la que todos, de distintas creencias e ideologías, estamos de acuerdo es en que Dios está con los vulnerables y los pobres. Dios está en los barrios marginales, en las cajas de cartón donde los pobres juegan a vivir. Dios está en el silencio de una madre que ha infectado a su hijo con un virus que terminará con las vidas de ambos. Dios está en los lamentos que se escuchan bajo los escombros de la guerra. Dios está en el escombro de las oportunidades y vidas perdidas, y Dios está con nosotros si nosotros estamos con ellos. “Si quitáis el yugo de la niebla, el señalar y el hablar maldades, y os entregáis a los pobres y satisfacéis el deseo de los afligidos, entonces vuestra luz brillará en la oscuridad y vuestro resplandor será como luz de día y el Señor os guiará continuamente y os satisfacerá vuestros deseos en lugares de tierra quemada”. No es una coincidencia que en las escrituras, la pobreza se menciona más de 2.100 veces. No es un accidente. Es mucho espacio en antena, 2.100 menciones (ya saben, el único momento en el que Cristo juzga es el tema de la pobreza). “Así como le hagáis al menor de mis hermanos, así me lo hacéis a mi” (Mateo 25:40). Como yo digo, buenas noticias para los pobres. Buenas noticias para el presidente. Después del 11-S, nos dijeron que América no tendría tiempo para los pobres del mundo. América se vería inmersa en sus propios problemas de seguridad. Y es cierto que éstos son tiempos peligrosos, pero América no ha bajado las persianas y echado los cerrojos en las puertas. De hecho, ustedes han doblado la ayuda a África. Han triplicado los fondos para la salud mundial. Señor presidente, su plan de emergencia para el SIDA y el apoyo a Global Fund – usted y el congreso – han conseguido poner a 700,000 personas en tratamientos antiretrovirales salvadores, y han proporcionado ocho millones de mosquiteras para proteger a los niños de la malaria. Impresionantes logros humanos. Contraintuitivos. Históricos. Deben estar muy, muy orgullosos.

Pero aquí llegan las malas noticias. Desde la beneficencia hasta la justicia, las buenas noticias todavía no han sucedido. Hay mucho más que hacer. Existe un salto gigante entre la escala de la emergencia y la escala de la respuesta. Y al final no se trata de beneficencia, ¿verdad? Se trata de justicia. Déjenme que se lo repita: No se trata de beneficencia, sino de justicia.

Y ése es el problema.

Porque ustedes son buenos con la beneficencia. Los americanos, como los irlandeses, lo hacen muy bien. Nos encanta dar, damos un montón, incluso aquellos que no se lo pueden permitir. Pero la justicia es un estándar más elevado. África hace que nuestra idea de justicia sea ridícula. Hace que nuestra idea de igualdad sea ridícula. Se mofa de nuestra piedad. Pone en duda de nuestra preocupación, cuestiona nuestro compromiso. Y cada día 6.500 africanos siguen muriendo día a día de enfermedades prevenibles y tratables, debido a la falta de drogas que podemos comprar en cualquier farmacia. No se trata de beneficencia, sino de justicia e igualdad. Porque no podemos mirar de ninguna manera lo que está pasando en África y, si somos honestos, concluir que, en realidad, realmente aceptamos que los africanos son iguales que nosotros. En cualquier otro lugar del mundo no lo podríamos aceptar. Miren lo que pasó en el sureste asiático con el Tsunami. Se perdieron 150.000 vidas a ese nombre equivocado de todos los nombres equivocados, la "madre naturaleza”. En África, se pierden 150.000 vidas cada mes. Un Tsunami cada mes. Y es una catástrofe completamente evitable.

Es molesto, pero la justicia y la igualdad son compañeros, ¿no? La justicia siempre
quiere estar con a igualdad. Y la igualdad es algo problemático.

Es decir, piensen en los pastores judíos que fueron a ver al Faraón, con barro en sus sandalias, y el faraón dice: “¿Igualdad?” Una idea absurda: “¿los ricos y los pobres son iguales? Y dicen, “sí, igualdad, eso es lo que dice en este libro. Que todos somos hechos a la imagen de Dios”. Y que de repente el faraón dice: “Vale, puedo aceptarlo. Puedo aceptar a los judíos – pero no a los negros. No a las mujeres. No a los gays. No a los irlandeses. Ni loco, tío”.

Así que seguimos con nuestra búsqueda de la igualdad. Seguimos en nuestra búsqueda de justicia. Oímos ese llamamiento en la campaña ONE, un movimiento creciente de más de dos millones de Americanos. La izquierda y la derecha unidas, unidas en la creencia de que donde vives no debe determinar nunca más si vives o no. Oímos la llamada incluso con más fuerza todavía hoy en día, cuando lloramos la pérdida de Coretta Scott King – madre de un movimiento de igualdad, uno que cambió l mundo, pero solamente es el comienzo. Estos temas están tan vivos ahora como antes, simplemente estaban cambiando las cosas y cruzando los mares. Impedir a los más pobres vender sus productos mientras entonamos himnos al libre Mercado… es una cuestión de justicia. Mantener a los niños cautivos de las deudas que contrajeron sus abuelos … es una cuestión de justicia. Retirar medicinas que salvan vidas por deferencia a la Oficina de Patentes… es una cuestión de justicia. Y las leyes dicen lo que dicen, pero Dios no guarda silencio sobre el tema. Y mientras que la ley es lo que nosotros decimos que es, Dios no está callado al respecto. Por eso, ¿por qué digo que existe una ley de la tierra? Y también hay un estándar más elevado. ¿Está la ley de la tierra y podemos contratar a expertos para escribirla y beneficiarnos, para que las leyes digan que está bien proteger nuestra agricultura pero no está bien que los granjeros africanos hagan lo mismo para ganarse la vida? Y las leyes dicen lo que dicen, pero Dios no guarda silencio […] Las leyes humanas están escritas, eso es lo que dicen. Pero Dios no las acepta. Por lo menos no las mías. ¿Y
las tuyas?

Termino esta mañana sobre un terreno delicado. Les pongo sobre la mesa una idea peligrosa: mi Dios contra su Dios. Su Dios contra Nuestro Dios, contra ningún Dios. Es muy fácil en estos días, ver a la religión como una fuerza divisoria más que unificadora. Y estamos en una ciudad - Washington – que sabe algo de la división. Pero la razón por la que estoy aquí, y la razón por la que sigo volviendo a Washington, es porque este es una ciudad que está demostrando poder unirse por el bien de lo que las Escrituras llaman el menor de estos. No se trata de una idea republicana. Ni demócrata. Ni siquiera, con todos mis respetos, una idea Americana. Ni tampoco es exclusiva de ninguna fe. “Haz a tu prójimo a lo que quieres que hagan contigo” (Lucas 6:30). Es lo que dice Jesús: “La rectitud es esto: que uno debe entregar riquezas por amor hacia su prójimo y a los huérfanos y a los necesitados, y los caminantes y los mendigos y para el rescate de los cautivos”. Eso lo dice el Corán (2.177). Así dijo el Señor: “Traed a los pobres sin techo a la casa, donde veas alguien desnudo, cúbrelo, entonces tu luz brillará como el amanecer y te… “La Escritura judía dice eso. En Isaías 59 de nuevo. Es un incentivo poderoso: “El Señor te vigilará las espaldas”. A mi me parece un buen trato ahora mismo.

Hace unos años, me encontré con un hombre sabio que cambió mi vida. De innumerables modos, pequeños y grandes, yo estaba siempre buscando la bendición del Señor. Decía, ¿sabes?, tengo una nueva canción, ¿te ocuparás de ello? Tengo una familia, por favor, cuida de ellos. Tengo una idea loca... Y este hombre sabio me dijo: para. Dijo: deja de pedir a Dios que bendiga lo que estás haciendo. Implícate en lo que Dios está haciendo – porque eso ya está bendito. Bien. Dios, como dije, está con los pobres. Eso creo yo, es lo que Dios está haciendo. Y es lo que nos llama a
hacer. Me sorprendió cuando primero llegué a este país y aprendí cuánto diezman los asistentes a iglesias. Casi el 10% del presupuesto familiar. ¿Cómo queda eso con el presupuesto federal, el presupuesto de toda la familia americana? ¿Cuánto de eso va a los más pobres del mundo? Menos del 1%.
Sr. Presidente, Congreso, gente de fe, pueblo de América:

Quiero sugerirles hoy que vean el flujo de ayuda efectiva al extranjero como un diezmo… Lo que, para ser verdaderamente significativo, quiere decir que un 1% adicional del presupuesto federal se ofrezca como diezmo a los pobres.
¿Qué es un 1%?
El 1% no es simplemente un número en una hoja de balance. El 1% es la niña en África que va al colegio gracias a ustedes. El 1% es el paciente de SIDA que obtiene sus medicinas, gracias a ustedes. El 1% es el empresario africano que puede comenzar un pequeño negocio familiar gracias a ustedes. El 1% no esredecorar palacios presidenciales o que el dinero se vaya por las alcantarillas. Este 1% es cavar pozos para proporcionar agua limpia. El 1% es una nueva asociación con África, no paternalismo hacia África, donde la asistencia creciente fluye hacia un gobierno mejor y con iniciativas con garantías aseguradas y lejos de futilidades y elefantes blancos de cualquier tipo. América da menos que el 1% en la actualidad. Estamos pidiendo un 1% extra para cambiar el mundo y para transformar millones de vidas. Pero no se trata solamente de esto, y lo digo ante los militares ahora – para transformar la forma en la que nos ven a nosotros.

El 1% es seguridad nacional, una economía mejorada, el interés propio, y un mundo mejor y más seguro. A mi me parece que en esta ciudad de tratos y compromisos, el 1% es el mejor trato posible.
Estos objetivos – agua potable para todos, educación para cada niño, medicinas para los enfermos, el final de la pobreza extrema y sin sentido. No se trata de cualquier objetivo, son los objetivos del Desarrollo del Milenio, que este país apoya. Y son más que eso, son las Beatitudes de un mundo globalizado. Es verdad que yo tengo mucha suerte. No me tengo que sentar en los comités presupuestarios. Y sin dudas no me tengo que sentar donde usted, Señor Presidente. No tengo que tomar las decisiones difíciles. Pero les puedo decir esto. Dar el 1% extra está bien. Es inteligente. Y está bendecido.

Existe un continente. África, que se está consumiendo por el fuego. Verdaderamente creo que cuando se escriban los libros de historia, nuestra época será recordada por tres cosas: la Guerra contra el terrorismo, la revolución digital, y lo que hicimos – o dejamos de hacer – para apagar el incendio de África. La Historia, como Dios, observa lo que hacemos. Gracias. Gracias, América, y Dios les bendiga a todos.