
¿Sabes porque hay tanta música y poesía desperdiciada?: Porque lo queremos todo rápido; queremos ser impresionados de inmediato, sin tener que reflexionar demasiado; queremos emocionarnos sin tener que estrujar el corazón; queremos estar confortables, pero no estamos dispuestos a contruir nuestras propias casas; queremos oir sin escuchar, caminar sin dar pasos, leer sin usar la vista y reirnos sin pensar de qué nos estamos riendo. Cuando alguien escucha una canción que está diciendo algo. y tiene poder para decidir si apoyarlo o no, hay un breve intervalo de tiempo, en el cual puede apreciar la calidad de la obra, pero no está dispuesto a pagar ese pequeño precio de consecuencias maravillosas de pararse a escuchar, Sólo oye, pero no atiende a lo que oye. Está a un paso de darse cuenta que detrás de esa calidad hay todo un mundo de expresión, repleto de sensaciones y emociones, de vida e incluso de muerte, porque no. Pero para llegar hay que atravesar el túnel, y eso es demasiado para algunos con demasiadas pertenencias sin valor. Sencillamente, no caben. Despojarse de lo absurdo para dar paso a lo vital es una contranorma saludablemente rebelde, y nada apreciada. En este preciso instante, todo se desvanece, y el artista se queda fuera porque el cerebro y el corazón del poderoso no dan para más.
¿Sigues con la música?¿Sigues con la poesía?. No, la música y la poesía siguen conmigo. No dependo de la obra de mentes obstusas para seguir siendo yo. Ni de analisis vacíos, ni de reglas de medir gastadas, ni de analisis postmodernos, ni de apoyos inmorales, ni de gélidas miradas disfrazadas de falsa pasión. No. En ese breve intervalo de tiempo todos tenemos la misma oportunidad de seguir siendo válidos, o inútiles. Cada uno es libre de decidir qué hacer con su vida.