El desafío nos conviene a los dos

Estoy paseando por las calles que me adoptaron durante mis días oscuros, que duraron un año. Hace tiempo que me sacudí el polvo de los zapatos, así que ahora, me es indiferente si alguien me grita en plena calle o me susurra desde un rincón. Ya sé donde voy, y de donde vengo (por ese orden) y en esas estamos.

Mi pasión por oler libros viejos (y, a veces, comprarlos), beber cerveza en solitario y/o mirar el mar ajetreado es proporcional a un dolor de cabeza realmente insoportable. Pero ahora, en este momento, soy feliz, degustando ese momento fugaz de eternidad, como díria Lewis. Y como la buena y la auténtica felicidad, me la bebo a grandes sorbos y de forma rápida antes de que se me escape en la siguiente parada.

Esta noche doy un concierto para unos amigos que no conozco de nada. No sé lo que esperan, pero seguro que no esperan lo que yo espero, y eso es bueno. El desafío nos conviene a los dos.

Barcelona, viernes 10 Julio 2009

En mitad de un jardín...

Madrid, 10 de Junio de 2009.

Hoy he tocado algunas canciones en mitad de un jardín, rodeado de lámparas y cojines. Ha sido un tiempo hermoso, peligrosamente íntimo y abiertamente personal.

Un buen grupo de personas, algunos conocidos y otros desconocidos, amigos y visitas, me han dado la oportunidad de usar la guitarra y la voz para algo más que para entretener. Momentos como este me hacen sentir vivo... y útil.

Gracias a todos por vuestra apertura de corazón.

Nos vemos!

Después de un invierno largo...

Comenzamos nueva etapa.

A punto de finalizar el disco que me trae de cabeza los últimos años, "Fotografías", y habiendo degustado de nuevo el sabor de la carretera después de una larga temporada en otra dimensión, estoy preparando una serie de conciertos, sin más pretensiones que tocar. Esto significa justo eso: Liberado de cualquier atadura artística comercial (excepto la de hacer música, que es la mejor) volveré a recorrer todos los rincones en los que pueda alzar la voz y hacer sonar la guitarra y el resonator, con la armónica acompañándome.

A veces estará el Sr. Josue Bea al Lap Steel o al Dobro, en ocasiones la mágica Inma Lara a la voz, en otras Mrs. BBea haciendo sublimes pianos, voces cómplices u organos misteriosos. Las sorpresas aparecerán cuando menos lo esperemos, que para eso son sorpresas.

Empezaremos este verano, y acabaremos...

Estás invitad@.

"Después de que un invierno largo y triste ha cubierto nuestros llanos de nieblas oscuras, llega un día desde el Sur apacible que borra de los cielos enfermos toda mancha que sea indecorosa"
John Keats

Me voy a limitar a olvidarme de mí mismo

"Voy a dejar de hurgar en mí mismo para descubrir a qué categorias psicológicas o sociales podría pertenecer. Mayormente, me voy a limitar a olvidarme de mí mismo, y realizar mi labor"

Clyde Kilby.

Eso exactamente vengo haciendo (o tratando de hacer) en los últimos años. Mi corazón era mi becerro de oro, y a él le sacrificaba todo para que estuviese contento, situado y en paz. Pero era falso, así que perdí gran parte de mi vida en estupideces autocompasivas, débiles visiones revestidas de magnificiencia y pomposidad artística y una locura transitoria fruto de una ridícula estética aprendida conscientemente.

Y se acabó.

Ahora, "mayormente, me voy a limitar a olvidarme de mi mismo, y realizar mi labor": Predicar las Buenas Nuevas, cantar Canticos Nuevos (alegres y tristes; no todo lo nuevo tiene que ser apacible) y correr lo más rápido posible cuando pase por callejones oscuros.

Algunos nocturnos puntos sueltos para ordenarme (partiendo de Lewis y volviendo a él)

Me fascina la figura de C.S. Lewis. Recuerdo cuando sus Crónicas de Narnia llenaron mi infancia de una fantasía que se ajustaba perfectamente con mi concepto pequeñín de lo que hervía en mi mente infantil, desmesuradamente imaginativa. Después, "El problema del dolor", en una versión antigua que tomé prestada de la inmensa e imposible biblioteca de mi padre, me golpeó tan fuerte a los 18 años que todavía me dura el efecto, hasta que "Una pena en observación" me amplió la otra cara de la moneda teológica y filosófica, probada en mis carnes el año pasado, con la pérdida de un gran amigo mío

Ese fue el chispazo que encendió la mecha -"El problema..."- y hasta hoy. Estoy releyendo su "Cautivado por la alegría" por cuarta vez, y no me cansa. Al contrario, parece que cada vez que lo leo, me aporta tantas cosas nuevas -sensaciones, descripciones, expresiones, definiciones, explicaciones, elucubraciones...- que mi espíritu se nutre con pasión. Vamos, que disfruto como un enano. Para que seguir adornando.

De todas formas, su vida y sus libros -lejos del abuelete sonriente de algunas fotos, era transgresor, rebelde e independiente- me han enseñado, sobre todo, a pensar, a reflexionar, a discutir y a tratar de sacar conclusiones sobre mi fe, que no es poco. Lo considero -después de mi padre- como mi tutor principal, un guía en la distancia del tiempo cuyo eco sigue resonando en mi interior, cada vez con más intensidad.

Por otra parte, Paul Johnson, en su libro "Creadores", hace una introducción que ya justifica el precio del libro. Lo que nos reímos y lo que distrutamos Josepablo y yo con "Intelectuales". Desde entonces, "Al diablo con Picasso" y otros libros más han servido para amenizar con un disfrute exquisito mis viajes (sobre todo, cuando viajé a Bruselas el año pasado. Fue uno de los viajes más entretenidos de mi vida).

Para mí, sin Dickens no hay literatura, y su "Nuestro amigo común" se está ganando un lugar privilegiado en mi espacio privado como uno de mis libros favoritos -aunque Copperfield forma parte de mí como ningún otro-. Recomiendo a Dickens a todos aquellos que estén exentos de sí mismos. Su galeria de personajes y descripciones de situaciones, sus historias entrelazadas, su claridad moral y su espíritu profundamente generoso herirán en profundidad a los que tienen un ombligo demasiado grande y poco tiempo para usar la mente.

Y vuelvo a Lewis, y de la mano de un gran amigo, Philip Yancey, del que os recomiendo todos y cada uno de sus libros:

"Nosotros los escritores no somos sustantivos, solía decir. Somos simplemente adjetivos, apuntando a la gran Sustantivo de la verdad. Lewis hizo eso, con fidelidad y magistralmente, y porque lo hizo, muchos miles han llegado a conocer y amar a ese Nombre.
Incluyéndome a mí. "

Y a mí.

Nada más

De vez en cuando -gracias a Dios-, un hombre o una mujer se levanta y dice las cosas como son, sabiendo que no serán aplaudidos, ni recomendados, ni condecorados. Y creo que merece la pena. Solo una vida... ¿Para qué usarla intentando agradar a los demás a base de negarnos a nosotros mismos?

John Piper, en su libro "Las raices de la perseverancia", donde recoge las biografías de tres de los hombres más prominentes de su tiempo (siglo XVIII), John Newton, William Wilberforce y Charles Simeon, hace una radiografía de nuestro tiempo que, simplemente, asusta por su claridad:

“Estamos rodeados por una sociedad de cobardes emocionalmente frágiles, y formamos parte de ella. El espíritu de estos tiempos ha penetrado demasiado en nosotros. Necesitamos momentos con la clase de personas –vivas o muertas- cuya vida nos demuestre que hay otra manera de vivir.”

“Una de las marcas más extendidas de nuestros tiempos es la fragilidad emocional… Nos hieren con facilidad. Sollozamos y lloriqueamos con facilidad. Culpamos a los demás con facilidad. Nuestra felicidad se rompe con facilidad. Y nuestro compromiso con la iglesia también se rompe con facilidad. Nos descorazonamos fácilmente, y tal parece que tenemos poca capacidad para sobrevivir y prosperar en la presencia de la crítica y la oposición… Cuando los historiadores hablan de los rasgos característicos de los Estados Unidos en el último tercio del siglo XX, en su lista no aparecen el compromiso, la constancia, la tenacidad, la resistencia, la paciencia, la determinación ni la perseverancia. La lista suele comenzar con un interés en la autoestima que lo consume todo. Después siguen los subtítulos de la autoafirmación, la auto-exaltación y la autorrealización.”

Sólo eso, y "nada más", como decía el personaje de John Russell, interpretado por Paul Newman en una de las más grandes películas de los 60, "Un hombre", después de golpear a un indeseable en la cara con su escopeta por agredir sin razón a su amigo indio. Nada más. Porque, incluso si discrepáramos de unas afirmaciones como estas, ya estaríamos cayendo en nuestra propia fragilidad de discutir y evitar aquello que nos confronta con lo que somos.

Feliz final de verano.

Usque ad finem

Usque ad finem, le dijo su tío, a pesar de sus defectos y de sus caídas. Su amor por él era grande, pero, lejos de quedarse en buenos sentimientos y sonrisas tontas, su comprensión se hacía real y práctica en estos momentos, cuando el joven Conrad se paseaba por Marsella con los bolsillos vacíos, varias deudas sin pagar, y sin posibilidad de encontrar trabajo debido a no tener los permisos necesarios por parte del país contra el que tanto había luchado su padre, Rusia.

En Polonia me sorprendió, como mínimo, una cosa:
Los polacos tienen una historia tan ensangrentada, tan trágica, tan confusa, tan dificil y tan cruenta, que es imposible de digerir desde nuestra vida autocomplaciente y de comodidad insulsa. No he visto más ruinas y cementerios por metro cuadradado en mi vida, a través de las decenas de pequeños poblachos que visité. Sin embargo, el capitalismo ha entrado con una fuerza tal, que los recuerdos tan recientes de miseria y muerte se están mezclando con el olor del euro a punto de entrar, lo que está provocando una esquizofrenía conversacional que te deja aturdido.

Valga este pequeño y tonto ejemplo: Un amigo polaco conduce su coche a 120 por hora por carreteras imposibles. Mientras me narra las historias de cada villa por la que pasamos, señalando lápidas que sobresalen de terrenos olvidados y recordando quién y porque hizo aquella matanza (alemanes o rusos, nazis o comunistas), pasa de esta negra charla a comentarme, como si nada, lo que cuesta cada carretera o edificio que se está restaurando, me señala cada empresa nueva que se está construyendo, los trabajadores que están metidos, lo que importan y lo que exportan, lo que cuesta el material que usan, lo que pagan la hora, lo que está previsto que ganen la próxima temporada, los cambios cuando el euro entre con respecto a la moneda polaca, las comparaciones con la economía de otros países... me comenta lo que le ha costado el coche, lo que vale la gasolina, y hasta sus zapatos, y de nuevo, me señala otras lápidas ya envejecidas y sigue con la terrible historia que produjo aquellos asesinatos; después vuelta a empezar.

Mientras caminábamos por la calle, me decía quién había trabajado en los acerados (mitad franceses, mitad polacos...), lo que había costado cada loseta que pisábamos, lo que se estaba invirtiendo para levantar varios edificios históricos... para después cambiar automáticamente el "chip", y narrarme de forma triste y algo airada la triste historia de la ciudad, destruida en un 70% por los alemanes en la segunda guerra mundial, y cómo sus abuelos sufrieron esa guerra bajo las botas nazis, unos años antes de que el comunismo se apoderara del ciudad y consumiera a sus padres, como a miles de ciudadanos más. Evidentemente, esta ha sido una de las muchas experiencias que he vivido allí, pero la imagen de mi amigo, joven, emprendedor, ilustra bastante bien el ambiente entre esta generación que emerge desde un sufrimiento indecible.

Apollo Korzeniowski empleó su vida para que su país natal fuera liberado de las ataduras de los países circundantes, que pensaban que Polonía era suya porque eran más listos que nadie. Pero su hijo huyó de su pasado oscuro y solitario, tenso y doloroso, para dejarse adoptar por otro país, y convertirse en unos de los escritores más importantes de todos los tiempos, Joseph Conrad. Quedarse en medio era una locura.

Y eso puede estar pasando ahora. El pasado y el futuro se dan la mano abriéndose paso entre la sangre de millones de inocentes que todavía bombea debajo debajo de los caminos y los campos, y la libertad de esclavizarse a nuestro vergonzoso sistema económico, una segadora implacable de la ética y la moral mas básica.

Que ciudad más bonita, Wroclaw.

Inconformismo = Sacrificio


"Debemos recobrar la llamada evangélica de los antiguos cristianos, que eran inconformistas en el más puro sentido de la palabra, y se negaron a acomodar su testimonio a los puntos de vista de su época, sacrifican de buen grado fama, fortuna, e incluso la vida, por una causa que sabían que era recta."


Martin Luther King Jr.

Tiempos confusos

Vivimos tiempos confusos. Y como esta frase también puede despistar de tanto usarla, digámoslo de otra forma: Confundimos unas cosas con otras. En estos días de relativismo social, ambigüedad moral sin límites y un racionalismo vulgar a falta de algo mejor, nuestro ombligo crece hasta convertirse en el centro de la tierra que nos rodea. Una mezcla de cinismo vital, materialismo nada sutil y autocompasión no reconocida ha formado nuestros caparazones, tan descoloridos como frágiles. Para aderezar bien la ensalada mental a la que hemos sometido nuestras vidas, vertimos grandes cantidades de lo que es, a ciencia cierta, nuestro mayor enemigo: La prisa. Si las cosas no toman la velocidad indicada por las reglas no escritas de un mundo en expansión hacia sí mismo, perderán todo su valor ante una sociedad implacable con sus prójimos.

Enfrascados en esta locura de vida, o en esta vida alocada, perdemos de forma atroz la perspectiva de nuestro lugar, y aún de nuestro papel en la tierra. Con esta pérdida, arrastramos toda la profundidad de una existencia que -en contra de lo que hoy en día tratan de meternos con calzador esas mentes obtusas y oscurecidas- debería subsistir de manera natural con sus mal llamadas pequeñas cosas: La alegría de la luz, el misterio del nacimiento, los colores de las estaciones, la misericordia en los gestos, la melodía de las palabras y los detalles del amor. En fin, minucias olvidadas de algún espíritu que se resiste a morir. Chesterton, con su habitual clarividencia, apuntó de forma contundente: “Sin duda estamos en una novela, y lo que más me gusta de este novelista es que se preocupe tanto de los personajes secundarios”. La obsesión moderna por convertirnos en protagonistas de los días sin más decorado que nuestras ridículas pretensiones y falsas necesidades, ha dado como resultado lo esperado, sólo que rodeados de la más absoluta y fría soledad. ¿Para qué llegar a ser algo único si al final del camino nos quedamos solos?

Pero hay algo aún más terrible en este camino suicida en ese túnel bajo tierra, y es la pérdida de la libertad, ese viejo sueño de saciar nuestros vacíos con un equilibrio de bondades, fortaleza, pasión y cierta alegría. El problema es que, más que soñar, dormitamos entre ese insaciable ritmo que le imponemos al tiempo y un futuro tan incierto como lejano. Sin embargo, aún quedan voces que desde su rincón íntimo nos recuerdan que Dios se sigue acordando de los personajes secundarios; que la vida no consiste en golpes de efecto con aplausos de fondo, sino en una compleja laboriosidad donde cada minuto cuenta en la construcción de un presente con sentido; que nuestros fracasos son triunfos desde la perspectiva de un guerrero que tiene su mirada y su corazón en una estrategia de fondo para ganar, no sólo una batalla, sino la guerra.

(Extracto del prólogo al libro de Yolanda Tamayo "Para que no te duermas", noviembre 2007. por D.B.)

Frente a las fuerzas del odio


"Seguiremos haciendo frente a las fuerzas del odio con el poder del amor... Igualaremos vuestra capacidad de inflingir sufrimiento con nuestra capacidad para soportar el sufrimiento... Bombardear nuestras casas y seguiremos amándoos... Invocaremos a vuestro corazón y a vuestra conciencia de tal forma que acabaremos ganando en el intento."

Martin Luther King Jr.

In Memoriam


Este Blog permanecerá cerrado
durante tiempo indefinido.

En memoria de Fran Coleto
07.12.1975-19.04.2007

Sencillamente, se acabaron
las palabras por ahora.
Nos vemos pronto, amigo.

Ese breve intervalo de tiempo

No hay pregunta más absurda para un músico: "Entonces, ¿sigues con la música?". Es como si preguntarás si sigues siendo hijo de tu madre. Pero la estupidez y la ignorancia han llegado tan lejos, en medio de tanto ruido, prisa y presión, que cargamos con demasiadas cosas innecesarias como para tener una percepción clara y objetiva de las circunstancias. En este caso, la teoría de "éxito" y el "triunfo" en nuestra sociedad nos ha secado el cerebro, y nosotros lo hemos troceado para repartirlo en un montón de pedazos sin vida. Si no cumples los requisitos forjados por los "hombres huecos" (¿T.S. Eliot?) no existes. Pero quiero decir, desde mi más modesta (o no) experiencia, que todo es basura, que es mentira, que nos dejamos engañar porque nos conviene, pero que al final del camino sólo quedás tú y lo que has hecho, para bien y para mal.

¿Sabes porque hay tanta música y poesía desperdiciada?: Porque lo queremos todo rápido; queremos ser impresionados de inmediato, sin tener que reflexionar demasiado; queremos emocionarnos sin tener que estrujar el corazón; queremos estar confortables, pero no estamos dispuestos a contruir nuestras propias casas; queremos oir sin escuchar, caminar sin dar pasos, leer sin usar la vista y reirnos sin pensar de qué nos estamos riendo. Cuando alguien escucha una canción que está diciendo algo. y tiene poder para decidir si apoyarlo o no, hay un breve intervalo de tiempo, en el cual puede apreciar la calidad de la obra, pero no está dispuesto a pagar ese pequeño precio de consecuencias maravillosas de pararse a escuchar, Sólo oye, pero no atiende a lo que oye. Está a un paso de darse cuenta que detrás de esa calidad hay todo un mundo de expresión, repleto de sensaciones y emociones, de vida e incluso de muerte, porque no. Pero para llegar hay que atravesar el túnel, y eso es demasiado para algunos con demasiadas pertenencias sin valor. Sencillamente, no caben. Despojarse de lo absurdo para dar paso a lo vital es una contranorma saludablemente rebelde, y nada apreciada. En este preciso instante, todo se desvanece, y el artista se queda fuera porque el cerebro y el corazón del poderoso no dan para más.

¿Sigues con la música?¿Sigues con la poesía?. No, la música y la poesía siguen conmigo. No dependo de la obra de mentes obstusas para seguir siendo yo. Ni de analisis vacíos, ni de reglas de medir gastadas, ni de analisis postmodernos, ni de apoyos inmorales, ni de gélidas miradas disfrazadas de falsa pasión. No. En ese breve intervalo de tiempo todos tenemos la misma oportunidad de seguir siendo válidos, o inútiles. Cada uno es libre de decidir qué hacer con su vida.

Contigo

Aunque el mundo camine sobre su propio yo; aunque la pasión sea nombrada por labios ignorantes; aunque la amistad parezca un recuerdo de tiempos antiguos; aunque el grito de la modernidad apague el aliento de los antiguos exploradores de tesoros, yo sigo ahí, contigo, cruzando las montañas y los ríos de esta vida, para ver la luz de cada amanecer en los términos desahuciados de su significado y volver a respirar de nuevo: Caminamos con la pasión de la amistad y el aliento de los soñadores.

Las raíces del grito primigenio

Quiero manejar los hilos de mis acciones, adelantarme a los acontecimientos con la defensa alta y el corazón abierto; quiero correr sobre la hierba fresca de los campos que traen fruto, consecuencia del trabajo de mis manos y no del azar; quiero conocer las raíces del grito primigenio y convertirlo en una voz poderosa, enérgica, dueña de sí misma, envuelta en melodías o materializada con la tinta de mis venas; que anuncie el caos o la paz, el odio o el amor, la vida o la muerte... todo aquello que nos maneja, nos dirige, nos condiciona y nos atrapa con sus reglas implacables, y poder transformarlo en algo vivo; traducir sus códigos secretos y escribir mis propias normas...

Entre la insipidez y el disfraz de sabio poeta

El tiempo llega realmente a quemar las fuerzas, hasta que te desplomas con la duda de si realmente vale la pena todo el esfuerzo. Si te decides a buscar un trabajo para ir manteniéndote mientras sigues en la brecha, tu tiempo de creación se ve reducido a unos momentos en los cuales lo único que puedes hacer es descansar, dejar que tus huesos se sacudan el agotamiento que el día laboral te regala de manera cotidiana e inflexible; después empiezas a notar que te falta algo de tiempo, comienzas a sentir una fuerte sensación de frustración, pero sabes que si no trabajas no comes, y si trabajas no creas, con lo que el dilema es tan grande que al final la desesperación te sume en una agonía estresante, consumiéndote poco a poco hasta caer desecho y perdiendo tu propia identidad...

Algunos se acomodan en sus trabajos, engordan y les cuentan a todo el mundo sus batalllitas de cuando eran “artistas”, mientras que en el fondo han endurecido sus corazones vencidos por el cansancio y el temor. Otros pasan sus vidas buscando con tanta ansiedad la opinión positiva, la crítica agradable de los demás, que desvirtúan y amoldan sus obras para el agrado de todos, colocándose la máscara de “artistas” e inmersos en una falsa vida bohemia que discurre entre la insipidez y el disfraz de sabio poeta.

Confrontación

He visto como compañeros y conocidos míos han retocado, manipulado y deformado sus obras en favor de una mayor atracción en un público que los ha ignorado en sus años de arduo trabajo; y ahora ellos caen a sus pies en señal de vergonzosa rendición. Claro que dicen que esto no es definitivo, que en cuanto consigan el apoyo necesario impondrán ellos sus propias normas... el engaño más estúpido en el que uno pueda dejarse atrapar. Al final no levantan el vuelo, van perdiendo el norte de su arte, y, por extensión, de sus vidas.

¿Cómo dar a conocer la obra de uno, a un público más amplio, sin venderse a los dirigentes, esos señores poderosos que exigen una ridícula metamorfosis “artística” con cadenas de terciopelo y billetes podridos? ¿Cómo hacerlo sin ceder a las exigencias de esas bestias sin honor, a los caprichos de esos negociantes de almas, destructores del arte y de sus frutos?. Si quitas una sola palabra que exprese un cierto sentimiento, si cambias una sola expresión que plasme ciertas emociones, si enturbias la mirada del corazón aunque solo sea por un instante, si desfiguras el rostro de la verdad para mostrarlo en un circo y enriquecerte con ello... entonces todo ha terminado. Aquí es donde el artista se enfrenta a sí mismo, a sus ambiciones, a sus sueños.

Aunque la confrontación es desigual, el resultado no dependerá de la sangre que corra en el campo de batalla, sino en el color de esa sangre y en el carácter de su inocencia. Lo demás se pierde entre la multitud como una linterna en el centro de la ciudad un sábado por la noche; y nada ni nadie reparará en ello.

Conflictos y lecciones: Aceptando las consecuencias

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Durante meses, aunque siempre sin dejar de trabajar, me he debatido internamente de forma muy dura acerca de la música. He tratado de huir de las canciones, justificando lo fugaz de las melodías como elemento principal de que la música no sirve nada más que para entretener, pero que es incapaz de tocar de manera definitiva las vidas. Esta mentira, fruto de decepciones, una tristeza natural y un intelecto que pide más de lo que puedo darle, ha sido hoy destapada e incluso pisoteada por un bebé de cuatro meses y medio.

Su terrible llanto de malestar y dolor ha sido la causa de que mi compañera, desesperada por el cansancio y la impotencia de no saber la causa de los males de la criatura, me ha pedido que cogiera mi guitarra y tratara de calmarlo un poco. Cuando nació el pequeño, justo en el momento que lo trajeron a la habitación, nos quedamos a solas él y yo, y le di la bienvenida con algunas canciones improvisadas; pero desde entonces, no he vuelto a hacerlo.

Esta noche le que quitado el polvo a ese aparato de madera con curvas, y le he sacado algo de espíritu. Inmediatamente, el bebé ha dejado de llorar, y me ha clavado sus enormes ojos azules en los míos, como diciendo que entendía mi lenguaje, y que le gustaba. Canciones mías, de Young, de Springsteen… ninguna de ellas le ha hecho apartar su mirada de la mía. Después, ha caído en un profundo sueño.

Y yo, he salido de una pesadilla para caer en un sueño apacible y esperado. La música es tan fugaz como la vida misma, congela los momentos que olvidamos para recordarnos lo que es importante y lo que no, y deja descansar el espíritu cuando éste no puede expresar que la carga que lleva es demasiado pesada. Esa es la lección que he aprendido hoy.

Y éste es el pensamiento que dejo escrito para el año que entra, que, más que feliz, espero que simplemente merezca la pena.
"Lo esencial ahora es saber si he calculado bien lo que voy a hacer y si estoy dispuesto a aceptar todas sus consecuencias."
Fiodor Dostoyevski
Crimen y Castigo

A la espera de la brisa y las hojas amarillas

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Ocupado en una "multitarea" impuesta, donde se mezclan el estudio de los profetas mayores y menores, algunos viajes nada organizados, la ya casi finalización de mi obra musical "definitiva" (ja!) como es "Fotografías", la lectura de diversos libros biográficos de personajes tan dispares como John Wesley, Martin Luther King Jr., mi amado C.S. Lewis, el gran Johnny Cash, Billy Graham o la maravillosa Charlotte Brönte, la recuperación, en parte, de mis estudios de literatura inglesa, junto a la "noble" tarea de dar a luz a una nueva criatura y la nada poética formación (larga y pesada) como programador informatico, me ha sido imposible escribir nada en este espacio.

De todas formas, todo sea dicho, el verano es un bluff para sentirse siquiera inspirado. Siempre he usado esta época del año más para seguir formándome, que para crear nada en ningún área. Hasta mi trabajo con mis nuevas canciones se ha reducido a mezclar, más que a componer o grabar nada. El verano es para sentirte niño otra vez, y olvidarte de tu alma otoñal meláncolica y sufriente para desparramarte entre las olas del mar y el sol del mediodía. Incluso hay libros que no son para estos días. Justo ahora, he comenzado la biografía de Charlotte Brönte, escrita por su amiga Elizabeth Gaskell, pero he de reconocer que dicha lectura éstaría mejor arropada entre lloviznas y tardes oscuras, que a más de cuarenta grados y el aire acondicionado "suicidándote" los huesos lentamente.

Hubo una época en la que el verano olía a Paul Auster, Joseph Conrad o Jack London. Supongo, y digo bien, supongo, que debería volver a ciertos rincones, sólo por averigüar que es lo que se ha quedado en el camino. Pero bueno, a la espera de la brisa y las hojas amarillas, un sol más tímido y días más ocuros, donde mi pipa vuelva a deleitarme con olor a cereza y chocolate, me despido de mí mismo soñando de nuevo con reencontrarme.

Recuerdo Soñando


Recuerdo soñando la vida del Dr. King, un hombre que se dio a sí mismo por amor a los demás. Un hombre que tuvo un sueño, y no sólo lo compartió, sino que lo hizo real en los demás.

Algunos tratan de hacernos creer que otros luchadores de su época por los derechos civiles fueron mucho más importantes, a pesar de que la historia muestra lo contrario; así analizamos y concluimos, de un plumazo, desde el tiempo, desde la distancia, y nos atrevemos a pensar que una pistola, un golpe asesino, unas palabras de odio y una actitud de desprecio a los demás pueden conseguir mucho, pero ya sabemos que "la sangre llama a la sangre".

Martin Luther King Jr. predicó con el amor. Sabía en lo más profundo de su corazón -el evangelio hace esas cosas- que sólo y exclusivamente ese amor limpio, honorable, transparente, luchador, todo lo podía. La única forma de romper los espíritus duros y malformados es mostrando lo único que no tienen: Amor. Otros piensan que esto es un tópico, pero la lucha por los derechos humanos, la abolición de la esclavitud, la lucha contra la pobreza, vienen del amor, no del odio, y eso es lo que cambia el mundo. Si ponemos un pistola en la nuca del contrario, nuestros hijos moriran con un disparo en la cabeza. Si mostramos un amor firme, contundente en sus acciones, que no se rompe, que guerrea con sus convicciones al frente, que sobrevive al más puro sufrimiento, nuestros hijos podrán vivir en paz, aún en tiempo de guerra. La pólvora hace menos daño que una mirada de misericordia.

Eso es lo que este sábado nublado, de brisa agradable, triste en su apariencia pero amable en su interior, me trae a la memoria, y lo hago mío. Recuerdo soñando, y agradeciendo al Dr. King que fuera uno más en la larga lista de ejemplos que han dado una vuelta radical a este mundo en tinieblas con una luz clara, cegadora, y real.
Gracias.

El Hombre de Negro

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"El hombre de negro", me dejó completamente sorprendido. No sabía que el gran Cash hubiera profesado fe cristiana de esa forma tan inmensa, tan real, tan... Sin embargo, "La Autobiografía" que se acaba de publicar en español es aún más penetrante. Desde los años, desde la experiencia que huele la muerte, -la vejez, en definitiva- sus palabras cobran mucho más peso, y su imagen se engrandece a medida que muestra su parte más humana, su humildad y su contundente pero sensible manera de ver las cosas.
Lo que más conmueve, entre otras cosas, es su nobleza a la hora de hablar de los necesitados, de los pobres, los sin techo, los presos, los condenados por la sociedad, los ignorados y olvidados. Su vuelta a Dios es absolutamente dramática y absorvente en su lectura. Consecuente -como dice mi amigo Ignacio Juliá (que si no se hace cristiano después de leer este libro es porque no lo ha traducido él): "No votó a Nixon pero tampoco a Clinton"), amante de los suyos, un hombre que respiraba, comía, y producía música de forma constante. Un hombre calificado en este estúpido e ignorante país por algunos como "fundamentalista radical", pero que le importaba un pimiento si algunos amigos le dejaban por su fe; no serían amigos. Pasaba por encima de las críticas con una mirada tan profunda que las deshacía todas sin decir una sola palabra.
Como dice el propio Juliá en el prólogo -un prólogo que habría que enmarcar al completo, grande grande-: "... contradice cualquier tendencia a honrar como mitos a quienes mueren jovenes y hermosos. Nos equivocamos, los verdaderos héroes son los supervivientes, quienes se agarran a las ondulaciones de la existencia, sus altibajos y contradicciones, y luchan infatigablemente contra su intrínseca futilidad. Johnny Cash fue uno de ellos... un hombre de su tiempo en un negocio, el musical, que ido premiendo cada vez más desvergonzadamente la juventud banal y conformista frente a la sabiduría del individualista añejo.". Si en algo discrepo de lo expuesto es que si hubiéramos visto a Morrison, Jones, Joplin, Bohnam o Hendrix en sus últimos días, eran de todo menos hermosos.
De todas formas, estas palabras me levantan el espíritu en un martes tan banal y conformista. Y vuelvo a recordar: "Vanidad, todo es vanidad.". Johnny Cash me ha enseñado -entre otras muchas cosas- a mantener mis principios con dignidad mientras mi música crece con ella, a levantar la cabeza bien alta mientras mis canciones fluyen con naturalidad, y a vivir como un artista comprometido con su tiempo, su fe y su arte.